El amor de los cuentos, repentino, eterno y perfecto, solamente ocurre ahí. El amor implica mucho esfuerzo y trabajo, es uno de los sentimientos más complejos que experimentamos y se va adquiriendo a lo largo de la vida, gracias a las experiencias satisfactorias constantes, pero también gracias a la frustración. ¿Cómo es esto?

Para poder amar, toda persona tuvo que ser amada al inicio de su vida por alguien, por lo general, la madre, que está dispuesta a ser incondicional, al menos por un tiempo, y sobre todo a estar presente y a cuidar a un ser que es totalmente dependiente.

El bebé no entiende de tiempos, ni de límites, tampoco de empatía y mucho menos de solidaridad con una madre agotada por las exigencias, el bebé solo sabe que necesita ser satisfecho en sus demandas, necesita ser cuidado, alimentado y protegido, la madre es quien, de inicio, se adapta a él.

Pasar noches en vela, arrullarlo a pesar del cansancio, tolerar su llanto e intentar traducirlo, eso y más, es la base para que ese pequeño ser tan exigente, poco a  poco empiece a amar.

Los orígenes del AMOR

Conforme crece, va siendo capaz de identificar cuando su madre se siente triste o enojada, sabe que puede lastimar a los demás si les pega, sabe que no es el rey del mundo y que sus hermanos, primos y compañeros de la escuela, también necesitan de cuidados y atención.

Empieza a ser más tolerante y empático, conoce y respeta los límites, sabe pedir una disculpa y aceptarla cuando se la piden, o sea, es capaz de amar y de dar algo que él mismo ha recibido.

Esto es el amor, una construcción en la que se tiene que transitar por la decepción y por la frustración, para saber que, a pesar de ellas, uno sigue amando y lo siguen amando.  Ojo, en este punto hay que distinguir frustración de violencia, ya que la violencia no está del lado del amor.

El amor en la etapa adulta

El amor adulto exige compromiso y paciencia, es un sentimiento en el que se está dispuesto a escuchar, a tolerar las diferencias que existen con el otro.

Dentro del amor siempre habrá decepción, porque el amor, de inicio, parte de un ideal en el que creemos que los demás responderán y nos amarán como creemos, pero esto nunca pasa así.

Los demás siempre nos desilusionarán por el simple hecho de ser diferentes, amar a otro pensando que es igual a nosotros es colocarnos como bebés totalmente indefensos, dependientes e intolerantes.

Cómo acercarte a la gente que amas

Para tener más cercanía con quienes queremos hay que empezar por saber que no van a cambiar y entonces, preguntarnos, si realmente vale la pena seguir insistiendo, seguir queriendo estar cerca.

Tal vez sí, porque aquello frustrante es llevadero, pesa más lo positivo que hay en la relación y el otro está dispuesto a poner de su parte; o tal vez no, porque es una relación que principalmente nos lastima y nos destruye.

Esto aplica para cualquier tipo de vínculo con los demás, pero también hacia uno mismo, ¿Qué hago para sentirme bien y qué hago para lastimarme? ¿Qué disfruto y además es constructivo? ¿Qué disfruto pero a la vez me destruye? 

¿Por dónde comienzo?

A veces no es fácil llevar esto a la práctica, sobre todo cuando frente a una decepción amorosa, nos llenamos de rabia y destrucción hacia quien no nos quiso y hacia nosotros, por ejemplo, teniendo conductas adictivas y compulsivas.

Es normal pasar por un proceso de duelo cuando hay una ruptura, pero si en verdad una relación fue amorosa, seremos capaces de seguir reconociendo lo bueno que el otro nos dio y lo bueno que nosotros le dimos, sin exagerar ni devaluar, a pesar del enojo y de la tristeza.

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