Diciembre es un mes que remueve emociones y recuerdos no solo de alegría y encuentros, sino también de nostalgia y ausencias.

Navidad y Fin de Año son momentos que se prestan para hacer un recuento de lo que hemos vivido a lo largo de 12 meses y también sirven para reencontrarse con los demás y con uno mismo. Por eso, esta época  tiene un sabor agridulce, porque es un tiempo que representa el inicio y el fin.

Las celebraciones son por aquello nuevo, lo que nace, lo que viene, y también lo que se va: “Vamos a despedir el año”, “el próximo año será diferente”, “hagamos un recuento de lo que pasó en el año”, “cinco, cuatro, tres, dos…”, etc.

Supera el duelo y agradece

Si bien estas frases hacen referencia al adiós del año viejo, remueven también antiguas despedidas y pérdidas emocionales, por eso, estas fechas hacen más presentes las ausencias.

Frente a cualquier tipo de separación (muerte, mudanza, divorcio, etc.) aparece un duelo, o sea, un periodo dedicado a vivir los sentimientos que se han despertado, a reacomodarlos y a hacer un reajuste de la vida.

Un duelo es un proceso interno, entonces, no porque haya fiestas y razones para celebrar, una persona va a poder sentirse feliz, dispuesta y de buen ánimo para la convivencia. Cada proceso toma su tiempo y se expresa de una manera diferente.

Date espacio y avanza…

Puede ser que algunas personas prefieran ser parte del festejo aunque no se sientan al cien, que prefieran la convivencia a estar aislados y que esto les ayude a hacer más llevadero el dolor.

Para otros, tal vez sea más conveniente alejarse del bullicio y del movimiento, aprovechar los días de descanso para pensar y para encontrar un espacio en el que puedan identificar cómo se sienten.

Cada uno a su manera vivirá el duelo, lo que no es recomendable  es pretender que nada pasa y que las fiestas por arte de magia cambiarán todo. No se les puede obligar a los demás, ni a uno mismo, a pasarla bien ni a festejar.

Agradece y goza instante

Entonces, ¿cómo vivir estas fechas después de una pérdida? Como cada quien lo decida, de acuerdo a sus posibilidades y a su estado de ánimo. Lo importante es no sentirse obligado a nada, sino escuchar lo que en ese momento es más conveniente para cada uno.

Todos los años tienen su Navidad y todos los años dan paso a nuevos por venir, con esto quiero decir que no siempre es posible festejar como uno quisiera pero tampoco siempre se tiene sólo una oportunidad para hacerlo.

Después de lo que ocurrió el pasado 19 de septiembre en México, seguramente será difícil para muchos vivir estas fechas, debido a todas las pérdidas, a todos los escombros físicos y emocionales que se han removido, a los recuerdos y miedos antiguos que se creía que ya estaban sepultados.

Es un momento difícil y sin embargo las calles ya están llenas de luces, colores y comida. Después de septiembre han venido momentos caóticos y mortíferos, que no tienen por qué invadir y paralizar todo, y que sólo se pueden asimilar con el tiempo y continuando la vida y los festejos de cada año.

Hay que hacerle caso a la tristeza y al dolor, porque hacer como si no existieran únicamente los hará más fuertes. Si algo interno no anda bien tal vez solo sea cuestión de tiempo poderlo acomodar, pero también tal vez sea necesario un acompañamiento profesional. ¿Cómo saberlo? Si a pesar de que pasa el tiempo sigue siendo difícil conectarse con la vida y disfrutar de las fiestas, hay que pensar qué pasa, ya que probablemente el duelo haya removido cosas aún más profundas.

Posts Relacionados

Deja tu comentario